Fuiste siempre el perfume de mis flores,
una llovizna de verano,
un sol de medianoche...
Fuiste el complemento de todo y a la vez nunca fuiste nada.
Me perdías en tus ojos,
me encantabas con tu mirada;
con las sonrisas te cubrías la vanidad y el frío del alma.
Tus manos me formaron un mundo,
el hechizo de tus ojos falsos me cegaba;
las palabras disfrazaban tus intenciones,
tus caricias fueron dagas con dulce filo
y tus promesas eran besos en el vacío.
Te escondías entre los sueños y enmascarabas tus gestos con cariño;
siempre lo supe y nunca lo quise aceptar,
y es que a veces la ilusión prefiere evadir la verdad.
Me molestaba por dentro pero en la sensibilidad fue grandioso vivir bajo el hechizo de tus ojos falsos.
D.s
1 comentario:
Tienes una poética intensa y degustable, persevera.
Saludos...
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